(Escrito el 18 de abril de 2000)

Una isla chilena del archipiélago Juán Fernández además de, al parecer, corresponderse con la isla donde el personaje Robinson Crusoe naufragó y pasó sus días con Viernes, puede convertirse también en otro lugar literario como la Isla del Tesoro del escritor escocés Stevenson. Según parece el malvado pirata Drake, convertido en Sir por la reina Isabel I, guardaba en esta isla del Pacífico un impresionante tesoro fruto de sus múltiples fechorías por los Siete Mares.
Una expedición norteamericana se aprestaba estos días a llegar al archipiélago para excavar en un lugar donde se encontraría oculto el tesoro del pirata inglés Francis Drake.
Don Leopoldo González, el alcalde de las islas, ha comentado a los medios de comunicación que el lugar en que se encontraría el tesoro fue descubierto por los expertos norteamericanos mediante investigación por satelie, y estaría en Puerto Francés, a unos 10 kilómetros al sur de Juan Bautista, el único pueblo de las islas.
“Se dice que cuando Drake incendió la villa de La Serena, saqueó iglesias y habría capturado también botines a naves españolas”, relató. Según el alcalde, el pirata del siglo XVI huyó a Juan Fernández “y aquí habría escondido su botín”. El satélite norteamericano detectó una gran cantidad de un metal de alta pureza, que a juicio de los lugareños son lingotes de oro “por un valor de miles de millones de dólares”.
Juan Fernández es un conjunto de tres islas, rico en langostas, a unos 800 kilómetros del continente -frente al puerto de Valparaíso- en las que viven 600 personas.
En el pasado fue guarida de paso de piratas que frecuentaban las costas chilenas. Uno de los islotes se denomina Robinson Crusoe, en recuerdo del personaje del marino que pasó cuatro años abandonado en ella el protagonista de la novela de Daniel Defoe.
La cuantía del tesoro no ha sido precisada todavía, pero de acuerdo a las normas legales el Estado chileno debería recibir el 75 por ciento de su valor, mientras que los descubridores
percibirían el resto. Sin embargo como en este caso no se trataría de restos arqueológicos sino de un tesoro, el cien por cien de lo que se encuentre puede salir de la isla ya que la ley chilena tiene importantes vacíos al respecto.
Los isleños por su parte exigen que una gran parte del tesoro se quede en el archipiélago, que donde por cierto estos días celebran el 424º aniversario de su descubrimiento por el navegante español Juan Fernández.
En una reunión del concejo municipal acordó reclamar que una parte del tesoro se quede en la isla. Y decidieron recibir “en pie de guerra” a la expedición norteamericana, a la que exigirán que explique su contenido y sus alcances, porque afirman que la integran dos conocidos buscadores de oro. “Creemos que no es justo que lleguen estos señores, sobre todo extranjeros, a nuestra casa a llevarnos nuestros recursos”, dijo el alcalde González, que se quejó por haberse enterado de la expedición sólo por medio de la prensa, otro más.
Por su parte los estadounidenses y sus abogados se habrían reunido con autoridades y expertos chilenos en el Club de La Unión, en Santiago, donde habrían entregado mayores antecedentes sobre la localización del tesoro y se habrían establecido los pasos a seguir.
De momento los vuelos entre Valparaiso y el archipiélago Juán Fernandez han tenido que duplicarse ante la demanda de estos buscadores de tesoros.

Frances Drake, noble y corsario
Francis Drake saqueó, robó, destruyó e incendió ciudades en toda América, sobre todo en el caribe. La ambición y la falta de escrúpulos lo impulsaban en gran medida, pero su visceral odio a los españoles era más fuerte. El que sería el corsario preferido de Isabel I nació alrededor de 1545 en Devon (Inglaterra), en el casco de un barco (estaba varado y servía de vivienda a su humilde familia). Su destino estaba marcado: sería marino. Dicen que ya a los 12 ó 13 años navegaba como oficial por todo el mundo acompañando a un pariente suyo, John Hawkins, de profesión corsario, juntos saquearon varias veces La Habana, Puerto Rico o Cartagena de Indias (Colombia). En una de las primeras lecciones para obtener la especialidad filibustera, se enzarzó en un combate naval del que se salvó por milagro. Pero perdió todo y desde ese día juró vengarse de los españoles. A esa tarea dedicó toda su vida.
Fue el primer inglés en dar la vuelta al mundo, atacando a discreción. Bordeó las costas de lo que hoy es Argentina y, después de sofocar un motín en la Patagonia, pasó al Pacífico por el estrecho de Magallanes. La travesía duró tres años y a su vuelta la reina de
Inglaterra tuvo que responder a una queja de España, que reclamaba todo lo robado por su protegido. Isabel no sólo no lo castigó (aunque devolvió una suma insignificante), sino que lo nombró Sir. Su majestad tenía intereses en el negocio. Sir Drake murió en el océano, como no podía ser de otra manera, en 1595. Su cuerpo fue arrojado al mar cerca de Panamá. Dos de sus barcos fueron hundidos con él.

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