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Estas son algunas razones que da el profesor José Luis Orihuela:
1.Visibilidad. Los buscadores adoran los blogs, siempre que éstos se actualicen con periodicidad, se titule bien y sea enlazado por webs de calidad. Se sorprenderá del page rank de Google que alcanzan los weblogs.

2. Feedback. Los comentarios en las entradas (noticias, posts) es una buena manera de saber qué piensan sus clientes y usuariso.

3. Creación de Comunidad y Red Social, de la que tarde o temprano, podrían
derivarse contactos comerciales de algún tipo.

4. Conocimiento. La necesidad conocer los últimos acontecimientos o novedades del sector para escribir sobre ello, hace que los blogs sean un magnífico medio para estar a la última, con los beneficios que esto puede acarrear en sus relaciones profesionales con sus socios, clientes o proveedores

5. Cercanía. El lenguaje algo informal y el toque personal aproxima la empresa a sus clientes.

6. Medio. La empresa no es sólo un anunciante, también es un medio de comunicación.

7. Eficacia. Un blog es una manera rápida de gestionar crisis, además de convertirse en la prolongación natural de los Gabinetes de Comunicación.

8. Innovación. Dése prisa su competidor todavía no le está haciendo.

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Los grandes acontecimientos mundiales (Guerra de Irak, huracán Katrina, revuelta juvenil en Francia…) han puesto de moda los blogs como una herramienta de información rápida y de creación de redes sociales.
Por otro lado, en la blogosfera hispana se calcula que ya puede haber 200.000 weblogs que nos muestran de manera fresca e imaginativa la realidad social, cultural, política, deportiva, personal…

¿Qué es un weblog?
Un weblog, también llamado blog o bitácora, es un sitio web donde se recopilan cronológicamente entradas (noticias, informaciones…) de uno o varios autores, sobre una temática en particular con un lenguaje personal e informal.
Un weblog es una página web de fácil actualización. Esa característica permite a los autores de weblogs publicar contenido (textos, imágenes y otros archivos) con apretar un solo botón. Cualquiera puede editar un weblog gracias a la cantidad de herramientas sencillas que hay en la web para hacerlo.
La temática abordada en las bitácoras es muy amplia. Siendo las estrictamente personales las más abundantes, también podemos disfrutar de weblogs centrados en tecnología, arte/cultura, actualidad, política, ciencia, educación, e incluso bitácoras dedicadas a estudiar el propio fenómeno blog, denominadas metabitácoras (metablogs) y bitácoras escritas por dos o más usuarios, llamadas colectivas o grupales.
Los teóricos denominan blogosfera al conjunto de los weblogs, en ella se comentan tendencias, gustos, popularidad de blogs o webs, gadgets electrónicos, software, música, películas, libros, deportes, política… Todo está ahí, en los blogs. Hace falta buscarlo.

Nací en enero del 62 en Durango, villa capital de la comarca del Duranguesado (Bizkaia), soy descendiente por vía materna de un pueblo de La Rioja llamado Leiva de Rió Tirón y actualmente resido en Pamplona (Mendebaldea). A los tres lugares guardo un especial cariño.

En Durango tengo mucha familia, amigos y la cuadrilla (referente perpetuo para un vasco), me eduqué en los Jesuitas donde adquirí mi componente humanista y social, allí jugué y entrené a baloncesto en el Tabirako. En este emblemático club aprendí y, posteriormente enseñé, los auténticos valores del deporte (compañerismo, deportividad, esfuerzo, sacrificio, antidivismo, saber perder y saber ganar…y tantas cosas).

En Leiva me divertí y disfruté de la vida inicial. Los veranos junto a mi abuela y tíos me han marcado para toda la vida Pertenezco a ese pueblo entrañable donde lo gastronómico y las tertulias interminables en la plaza, al abrigo del cierzo, ocupan un lugar primordial.

En Pamplona se resumen mis dos paisajes vitales: el verde húmedo atlántico y el amarillo cereal continental. Lo que hace no extrañar nada y sentirme a gusto.

Me licencié en Ciencias de la Información, rama Periodismo en Lejona. Ni me gustó la Universidad ni su docencia, me sentía perdido sin los referentes que dejaba todas las mañanas en Durango. Lo único bueno de esa época (aparte del alivio por la frustración del 23F) fueron las ligas conseguidas por el Athletic de Clemente y Sarabia.

Di clases en los Jesuitas de donde me llamaron para trabajar en la cooperativa Eroski en la que aprendí la primacía de lo colectivo sobre lo individual. A comienzos del 99 me fui con una media y un calcetín para Pamplona. Y aquí estoy, por mi cuenta, de freelancer, casado con Maite, con mi hijo Ander y feliz de la vida.

Descargar el Currriculum

Curriculum Carlos J. Zuluaga

1
El tiempo detuvo la hoja
del hayedo otoñal,
el impulso cotidiano
la liberó del instante,
donde suspendida, crujió.

2
Sintió el agua resbalar por el canto,
vio el verdín brillar desde el lecho
cuando el sol oblicuo lo atravesó,
Sidharta se equivocó.

3
El polvo del camino la sinrazón guía,
presto cual kosovar herido.
¡Trapero, tópate con el tinanco
finito de tu sangre hervida!

4
La botella de ron,
son, mi guaracha,
el pirata tabacalero
que humedeció su austero
smoke del Maynflower.

5
Gitanilla, toma un moreno
de la mano canastera
y empújale hasta la caseta
del palillo more partido.

6
Violín de hielo nórdico
que surca un fiordo
donde se pierde la sal
y se halla la almendra,
amarga.

7
Llama la niebla azul,
e irrumpe una tersa meseta
de retama, que barre
el regocijo de una mañana
llena de vicuñas luminosas.

8
El agua de la vida turba
la isla cereal en un bajel
que se disipó alegre,
por la rúa de La Valetta.

9
Duquesa, el té de Ceylán,
abre la cortina de la noche
que encaje la vía del traqueteo
en mi pasado tardío con fieltro.

10
Ascendí a la cañada
y el azufre me abofeteó
como una coz de vinos
y dragos, donde la savia
pegajosa dejó ronca la sabina.
Descárgate el poema completo

Instantáneas de los sitios

Cuando la señorita Conchi preguntó por la capital de Tanzania me sobrevino una sonrisa de satisfacción. Sabía la respuesta, lo que pasa que no la tenía que dar yo. Le tocaba a Rafa, el número dos de la clase. Lo sabía fijo. Rafa titubeó y sus labios silbaron para pronunciar Dar es Salaam. Yo también lo sabía. Siempre me había gustado la palabra Tanganika, me recordaba a estar en canicas con las negras en el lago. Aquel en el que Stanley se empeñaba en encontrar a Livingstone por todo el África negra. I supose. Zumba que zumbó polvo de cañón. Los esclavos de Zanzibar sirviendo al visir de turno también me ponían cachondo, sobre todo cuando leía las aventuras de Leila, la de los pechos duritos que se clavaban en la túnica al salir de entre las olas índicas. Ahora bien, cuando me enamoré de verdad fue con La estrella del Sur . Un tebeo que se desarrollaba entre los diamantes de Kimberley, avestruces, haciendas con la quietud selvática al fondo y una rubia apamplada que me traía loco pensando que era mi mujer ideal. Años más tarde regresé de verdad a África del Sur para cubrir una visita real donde la reina se marcó unos pasos de baile, creo que por la triste Soweto. Mucho más marchosa era la de Johana Jimmy hop de Eddy Grant en plena transición de Botha, De Clerk y por fin Mandela. Ahora bien, pensar en Antananarivo, capital de Madagascar, era otra cosa. Me la imaginaba con una clase especial. Más mestiza. Es curioso como se imagina uno las regiones, las ciudades, los países del mundo… con diez años de edad, y que reales y desilusionantes son cuando años después saltan al CNN Plus pegando tiros de Kalasnikov.

Descárgate mis descripciones de lugares como San Cristobal de las Casas, Chichicastenango, Benarés o La Habana.

Dar es Salaam

La nevada
La nevada me ha dejado los hueso helados y el cabrón del gasoil no ha venido, así que la calefacción no chuta. Que tenía mucho trabajo, me ha dicho, y que para cuatro que estáis del Reláchigo para allá, casi en Burgos, que no se arriesgaba a subir la Degollada. Menudo artista, encima cuando descarga no se quita el cigarro de la boca. Algún día vamos a volar hasta la Loma.
Para entrar en calor he cogida a la perra y hemos salido a ver si pillábamos a la rabona. Huellas sí que había, lo que quiere decir que Murchantino se me ha adelantado y mañana cenará liebre. Así que me he dejado caer donde Esteban para que me dé la tarjeta del coto de pesca. Estaban los habituales en el bar y Esteban me ha dicho que él no sabía nada pero que mañana echaban truchas en la presa. Me ha pagado el vino el Músico y allí les he dejado a los parroquianos habituales discutiendo sobre el Titín III.
Luego he partido algo de leña, casi me seccionó en dos. El hacha ha pasado rozando a la perra y me ha lanzado un gruñido “hijoputa”.

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Diario de un olivense

Aúpa Viriato
Escribo para el periódico euskaldun Euskal Sport, y antes que nada les diré que es la alternativa vasca al Marca, As y Mundo Deportivo, que habilmente ejercen de contrapoder español en cuestiones deportivas. Me han comentado que un grupo de empresarios pro plan Ibarretxe ha puesto la tela para la salida del diario. Así que me ha dicho mi director Florenzio P. (es de Pérez) Aurrekoetxea que tengo que darle a toda la información un sesgo jeltzale. Jaingoikoa! yo que provengo de una familia vasca, pero española hasta la médula. Si me viera mi padre trabajando para los separatistas.

El caso es que tengo que preparar las maletas para Portugal y hacer el seguimiento de la Eurocopa, en concreto de la selección estatal (ya voy aplicando la terminología correcta). Hay que tener en cuenta que en ella se encuentran varios de los nuestros. Tal es el caso del propio Iñaki Sáez, Manolo Delgado Meco (que aunque es de Alcázar de San Juan, Ciudad Real, su vida la ha desarrollado en el botxo), Joseba Etxeberria, Xabi Alontso y Dani Aranzubia (que es de Fuenmayor, La Rioja, pero su apellido hace de label vasco de Kalitatea). Sin olvidarnos de Txulen Villar, el lehendakari de la Federación estatal que últimamente anda metido en follones judiciales, y los del Grupo Prisa le están dando viajes desde hace tiempo.
Escribiré, por tanto, unas bellas crónicas lusitanas en forma de fado que recojan todo lo que vamos a vivir en la Eurocopa de Portugal.

No te pierdas estas crónicas diferentes de la Eurocopa que se celebró en Portugal 2004.

Eurocopa 2004

Se imaginan que los balcones de céntricas calles como la Gran Vía, la Avenida Insurgentes, la Diagonal o en barrios como Santutxu en vez de geráneos o begonias hubiese lechugas o tomates. O imaginemos también que en el 20 por ciento del terreno de los parques del Retiro, Central Park, los jardines Luxemburgo y de ese gran pulmón verde que es Hyde Park se cultivaran patatas, zanahorias, alcachofas, maíz, trigo y una extensa variedad de nogales, almendros, castaños y cerezos con sus ricos frutos. Pues esa es una posibilidad que está ahí, ya que si la permacultura se pone de moda o es asumida por los habitantes e instituciones de ciudades como Nueva York, Madrid, Barcelona, DF, Bilbao… éstas se pueden convertir en zonas agrícolas (hasta puede caer algo de la PAC). La permacultura se podría definir como “la agricultura permanente”. El concepto fue desarrollado en los años setenta por dos australianos, David Holmgren y Bill Mollison y consiste en el diseño y mantenimiento de pequeños ecosistemas productivos integrados armónicamente en el entorno de las personas y sus viviendas, proporcionando alimentos de una manera sostenible. Vamos como tener una huertita en el pueblo. La filosofía de la permacultura está basada en la idea de que los humanos somos “administradores” de la tierra, por lo que debemos planear soluciones a largo plazo para alimentar a la población, pero sin crear daños al planeta. La permacultura cuida la tierra y a las personas. En definitiva trabajar con y no contra la naturaleza. Este sistema se sustenta en la energía producida por el sol, el viento y el agua.
En un balcón de 2,5 metros de largo por 0,80 de ancho y con el sol dando desde las cinco y media de la tarde se pueden producir lechugas, tomates, alubia verde de enrame, perejil, menta y lavanda. Sólo se necesita un poco de imaginación, algunos datos orientativos respecto a qué y cómo cultivar, unos estantes, bidones de agua de 10 litros, un poco de paciencia y no mucha dedicación. Esto no quiere decir que dejemos de adquirir cogollos y alcachofas de Tudela o Calahorra, que siempre tendrán una calidad excepcional, pero si que alguna tarde de verano degustemos un tomatito cultivado en nuestro balcón que nos sepa a gloria. Lo de los frutos en nuestros parques y jardines puede ser más difícil, igual éstos no llegaban a madurar, o en las fiestas veraniegas junto a las almendras garrapiñadas de Briviesca se situarían unas furtivas del Parque Fluvial del Arga.

Gusnhu conducía descalzo, con un canuto hindú en los labios y con la música de la Rocio Jurado autóctona a tope. De vez en cuando miraba a lo que presumiblemente era la carretera y pasábamos rozando los chillones saris de las mujeres, que asustadas se dirigían a la tarea diaria de acarrear agua al atardecer. Le pasé un Winston a Gusnhu, gruñó unas gracias en una de las mil lenguas que recorren la India y esquivó a la enésima vaca que paseaba a su aire su esquelético cuerpo.

Nos dirigíamos de Jaipur hacia Agra atravesando parte del Rajhastan, no habíamos librado todavía ningún bache y el culo se me estaba quedando como un bebedero de patos. Le dije a Gusnhu que estuviera más atento, por lo menos a los camiones y autobuses que se cruzaban tocando la bocina como posesos. La cuneta la visitamos en unas cuantas ocasiones. En una de ellas un camello nos miró desde su altivez, acostumbrado a ver como algunos vehículos aparcaban contra los sacos de arroz que transportaba. Gusnhu me dió una calada de su canuto, me supo a cuando fumaba artobizarra en la huerta del viejo.

El atardecer se iba poniendo más rojizo, el verde de los campos de arroz se tornó más agradable, miéntras los hombres se acuclillaban alrededor del último rumor de la aldea. Una vez más miré al sol, los crepúsculos siempre han podido conmigo y pensé en otro atardecer donde unas notas negras de jazz impregnaron para siempre mi alma.

Descárgate el cuento completo

El marmol caliente del Taj Mahal

La fina lluvia calaba sin piedad su cuerpo y eso que se había pertrechado con un chambergo que había encontrado en casa. Seguramente habría pertenecido al antiguo propietario de la casita. Llevaba más de un kilómetro caminando por las rocas en dirección al embarcadero, su casa se situaba en lo alto del acantilado desafiando al fuerte viento del Canal. Había leído el breve anuncio en el periódico local de Rennes: “casa al borde del mar en Normandía, para solitarios”. El hombre de la agencia se la enseñó el sábado último de agosto y él le pagó los 25.000 francos el domingo. El lunes Bernard se instaló en la casa, antes adquirió comida, ropa y utensilios en el Intermarchè de una cercana y pequeña ciudad.
Bernard vio el bote al comienzo del pequeño embarcadero, lo distinguió porque el encargado de la agencia se la había descrito cuando cerró el trato de la casa. Además el nombre de La Renarde se adivinaba entre la descascarillada pintura blanca del casco. Tenía remos y un pequeño motor fuera borda. Antes de introducir su pie en el interior achicó con un pequeño caldero el agua de lluvia que había caído en la barca. “Buena para cocer garbanzos”, pensó. Unos metros más adelante un viejo marinero era ayudado por una niña con los aparejos de pesca. Llevaba un impermeable amarillo, como los operarios del Ministerio de Obras Públicas. La niña miró a Bernard con curiosidad, sin duda no lo conocía. El viejo tampoco y siguió cargando las cañas y los cebos en el bote.

Descárgate el cuento completo.

La bahía normanda

Manista

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